A la Ley y los Profetas
Cuando los habitantes del antiguo pueblo de Israel, bajo el mandato ya de reyes y lejos estaba el gobierno de los patriarcas y profetas y enfrentaban problemas serios como persecuciones, esclavitud, pestes y demás problemas mayúsculos, era cuando regresaban a consultar a sus profetas y éstos les contestaban que para resolver sus problemas y Dios los escuchara, tenían que regresar a la “Ley y los Profetas”, es decir, volver a su dependencia con Dios.
Para entender el contexto, recordemos que el pueblo de Israel era una incipiente nación de creyentes que bajo el liderazgo de Abraham habían salido de Ur de los Caldeos, una nación pagana e idólatra. Abraham, llamado después Patriarca, se conducía bajo cánones estrictos de moral, Ética y espiritualidad, a pesar de estar bajo un sistema totalmente pagano, por eso el Dios Yahvé o Jehová lo llamó para que saliera de esta ciudad y se fuera a una tierra que Dios después le mostraría. Abraham obedeció aunque no tenía ninguna evidencia de que eso fuera cierto, era algo así como una visión de un loco, pero él creyó en esta visión y obedeció esa voz, salió dejando atrás a su tierra y su parentela, por eso a Abraham se le da el calificativo de “El Padre de la fe”. Por muchos años Abraham condujo a su descendencia hacia la Tierra Prometida, la cual nunca vió como tampoco vió a su descendencia multiplicada como “la arena del mar” y “las estrellas del cielo” que estaban dentro de la promesa, pero por fe él creyó. Como ya sabemos a través de la Biblia, de Abraham descendieron Jacob y Esaú. Del primero nacieron las 12 tribus que formarían al pueblo de Israel y de Esaú se entiende que nacieron otras naciones paganas que dieron origen a pueblos y naciones, pero de Jacob, llamado después Israel, fueron las bendiciones de la Tierra prometida. Este pueblo en cuanto a su gobierno, dependía directamente de la voz de Dios dictada a sus patriarcas y líderes, como Moisés y los que le sucedieron; fue este líder quien recibió los mandamientos directamente de Dios y se escribieron diversas leyes que están transcritas en los libros de Levítico y otros, después vinieron los profetas que de igual manera representaban la voz de Dios, pero poco a poco los israelitas se fueron apartando tanto de la llamada “Ley de Moisés” como de los profetas y por lo que la autoridad del pueblo se fue minando y los problemas empezaron a crecer de tal manera que fueron víctimas de los pueblos circunvecinos hasta que prácticamente desaparecieron. Pero siempre hubo profetas y voces que les decían que para recuperar su pasado glorioso tenían que regresar a ver y obedecer la Ley y lo que les decían los profetas.
Esta es una realidad que toca a todos los pueblos y naciones que se huelgan en decir que son “cristianos” como el pueblo de México. Debido a la pérdida de valores de todos nosotros (me incluyo) y al alejamiento de los principios morales, éticos y espirituales, estamos sumidos en la crisis que actualmente tenemos. Los analistas y expertos, sean de
la religión que sea, coinciden en señalar que es necesario que México recupere los valores perdidos. La Secretaría de Educación Pública ha introducido recientemente una materia sobre civismo y ética con el objeto de que las nuevas generaciones vayan construyendo una sociedad soportada en pilares más fuertes. Los que teníamos se derrumbaron cuando permitimos que el moho y el hollín se fueran adueñando de nuestras estructuras hasta debilitarlas y la sociedad corre peligro de colapsarse si no regresamos a “La Ley y los Profetas”. ¿Por qué no? A veces creo que nos da vergüenza admitir que necesitamos de Dios, como que la religión es cosa del pasado y a ese Dios lo queremos sustituir por solo buenas costumbres y buenas intenciones; Dios es más que eso y la sociedad actual necesita regresar a Dios.


